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Decano de la Facultad de Ciencias de la Salud es entrevistado en radio de la Universidad Central

30 Enero 2018
Hernán Sandoval dio una entrevista en el Programa “Libertad de palabra”, de radio Central de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central.

El decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de UDLA, médico cirujano de profesión, secretario de la Reforma a la Salud en el gobierno de Ricardo Lagos y denominado “padre” del AUGE, fue entrevistado en la radio Central por la periodista Patricia Varela.

Durante su entrevista, fue consultado por diversos temas de contingencia nacional, entre ellos, cómo mejorar las condiciones de salud en Chile, la situación del sistema nacional de salud y las isapres. También se refirió a las políticas sociales que considera imprescindibles para mejorar la calidad de vida los chilenos y la poca discusión política que hay sobre estos temas en la agenda nacional actual.

 

Aquí exponemos su conversación completa.

“En nuestra sociedad es difícil hablar de salud. Todo gira inmediatamente en torno a la enfermedad. Entre el año 2000 y 2002 hicimos un profundo estudio de la percepción de los chilenos sobre el sistema de salud y la salud en sí, y nos encontramos con la sorpresa de que la gente tenía una idea sobre los sistemas de salud, el acceso a la atención médica, el tipo de atención que requerían, pero no tenían ningún concepto sobre salud. Es decir, cómo se construye la salud. Lo sorprendente es que el discurso sobre la salud era el mismo de un poblador que tenía acceso a la salud a través de Fonasa, sin copago y un senador de la República.

El poblador criticaba el acceso a la salud de su comuna y que tenía que pagar por especialidades porque no tenía atención adecuada en el sistema público. El senador era lo mismo: no hay especialistas en los consultorios, faltan horas para atender, hay largas listas de espera…

El tema es que se sitúa al centro de la salud en el sistema de salud y se niega cuál es el rol y participación de la gente. A las personas se les está diciendo que para resolver los problemas de salud tienen que lograr acceder al sistema, y que el sistema, además, le dé los medios para mejorarse, curarse la enfermedad que tiene. Pero no le está diciendo cómo evitar esa enfermedad. Esto es un discurso muy pernicioso. Es lo que ocurre en Estados Unidos; ellos tienen un gasto per cápita de más de 10 mil dólares al año. Nosotros en Chile tenemos solamente 1400 dólares per cápita al año. Sin embargo, medidos los indicadores sanitarios de Estados Unidos y los nuestros, son mejores los chilenos. O sea, el problema no es el acceso y el gasto, sino en qué se gasta y cómo se accede.

Esto se explica por la historia del Servicio Nacional de Salud chileno fuerte, que existe desde los años cincuenta, pero con políticas sanitarias estatales que vienen de los años veinte. En consecuencia, hay una cultura y una tradición de políticas públicas en el ámbito de la salud, que en Estados Unidos no tienen, porque ellos plantean una política liberal, que se basa en la existencia o inexistencia de seguros y el seguro es el medio mediante el cual la gente accede a los sistemas de salud, pero no se les está planteando cuál es la salud.

¿Es lo que ocurre con las Isapres?

Sí, con la diferencia muy grande de que en las Isapres está seleccionado el sector de más altos ingresos y alto nivel de educación. O sea, de por sí, tienen mejores condiciones de salud que el resto. En Estados Unidos es distinto, existe por la plata, no por el tipo de seguro que tienen. Allá hay una cosa muy clara. Por ejemplo, el año pasado se hicieron 800 mil operaciones con el sistema robótico, llamado Da Vinci, que es un robot que ayuda a realizar operaciones de gran precisión, de los cuales cerca del 10 por ciento eran cirugías intestinales para limitar la absorción de alimentos y disminuir el problema de obesidad. Resulta que mientras se desarrolló Da Vinci en los años noventa hasta ahora, al mismo tiempo en la sociedad americana subía el peso promedio de 6 kilos, entre 1990 y 2015. O sea, paralelo al desarrollo tecnológico se producía un deterioro de las condiciones de salud de los americanos. Es decir, tendrán que hacer 10 millones de operaciones con Da Vinci o más si quieren alcanzar el deterioro que se les está produciendo en la salud de su población.

La solución, sobretodo en el período en que vivimos, no está en el acceso a la atención médica, sino en las políticas públicas. En ese mismo período se hicieron varias campañas para tratar de reducir el problema de sedentarismo y de obesidad en la sociedad americana. Entre ellas, el programa de Michelle Obama. Ella, entre 2009 y 2015, hizo un importante programa de actividad física, pero en los seis años de la administración Obama, cubiertos por este estudio, no se evidenció ningún cambio de tendencia.

Acá en Chile, con el Programa Vida Chile, mismo programa que continuó con Piñera con el nombre de “Elige vivir sano”, no se cambió en nada. Ni la tendencia al sobrepeso, ni a la obesidad, ni el sedentarismo, ni ninguno de estos factores, y por qué, porque son políticas basadas en estilos de vida y los estilos de vida tendrían que ver con acciones voluntarias. O sea, esto parte del supuesto que la gente ignora o no sabe algunas cosas y que bastaría con enseñárselas para que pudieran tener estilos de vida correctos, en circunstancias que eso no es cierto. Muchas personas en Chile, salen antes de las 6 de la mañana para llegar a las 8 a sus trabajos, del trabajo salen a las 7 de la tarde.

Hablas del poco resultado de las políticas en el tema de obesidad…

Yo hablo más allá del sistema. Se trata del dominio de una concepción hegemónica que nos hace depender del sistema, porque el sistema representa la posibilidad de negocio. El negocio de la salud, que consiste en la venta de prestaciones, de medicamentos, exámenes e intervenciones en Chile entre otros, es un negocio de aproximadamente 50 millones de dólares al día. Detrás de la forma como se administra la atención está este tremendo negocio, que deja enormes ganancias para grupos de interés.

Es irrelevante para el negocio si es público o privado, a ellos lo que les interesa es que les compren. Ahí está el corazón del negocio. El tema no es la administración del seguro, el tema principal es cómo la gente se libera de un discurso hegemónico que los hace dependientes, entre otras cosas, porque les niega sus propios saberes. Le dice que tiene que ponerse en manos de un médico o de una enfermera que sí sabe.

La gente no adopta los estilos de vida, los vive como puede, en una sociedad donde tienes una jornada semanal de 45 horas, de las cuales tienes que agregar 3 o 4 horas más de transporte al día. Eso impide la vida familiar, la actividad física, incorporarse a la vida comunitaria, así que la gente no adopta estilos de vida, sino que los sufre. Por lo tanto, esta es una sociedad que genera condiciones para que la gente se enferme y el negocio se cierra cuando a la persona le dicen, usted tiene que tomarse una pastilla. O sea, un sujeto comienza a ser hipertenso a los 45 años, eso es un tremendo negocio. Si yo le doy la pastilla correcta él va a vivir hasta los 80; es decir, es un potencial comprador de pastillas durante los próximos 35 años.

En el mundo, el negocio de la salud es cercano a los 9 mil millones de dólares al día. ¿Cómo nos enfrentamos a este monstruo y rescatamos la salud para la gente? Esto, evidentemente, está en directa relación con los ingresos socioeconómicos y la condición cultural.

¿Hay motivación en los estudiantes para ver la salud  de esta manera?

En la UDLA me permitieron desarrollar un programa de estudio donde ponemos gran énfasis en el trabajo comunitario, que no consiste en un operativo para tomarle la presión a la gente, sino que un trabajo que consiste en vincularse con los vecinos de los barrios y ver cuáles son sus condiciones de salud y hacer un trabajo con ellos. Uno hace participar al municipio, al gobierno regional, al servicio de salud local y a la propia comunidad.

Nosotros tenemos encuestados más de 10 mil hogares, entonces tenemos una base de datos riquísima de la cual estamos sacando numerosas conclusiones y nos hemos dado cuenta que en los profesionales de la salud la capacidad de comunicarse, poder enseñar a los pacientes y el trabajo de acompañamiento es fundamental. No deberían ser prescriptores autoritarios que te dicen tómese esto, como es hoy. La salud es una construcción social. Por ejemplo, durante los gobiernos conservadores de Gran Bretaña de Margaret Thatcher y John Major, la diferencia en la esperanza de vida entre los grupos económicos más pudientes y los menos aumentó de 7 a 14 años, entre un profesional universitario y un trabajador no calificado. O sea, el deterioro de las condiciones de vida por la concentración de riqueza en esos años fue enorme y sobre todo por el desmantelamiento de los sindicatos, que significó un efecto en los trabajadores de 7 hasta 14 años menos de esperanza de vida, en relación con los profesionales.

¿Cuáles son los principales problemas de salud en Chile?

La pobreza, la falta de educación y la inequidad. Yo pienso que el principal problema de salud en Chile es una alimentación desbalanceada, que ha producido que tengamos un 36% de obesidad, mayor en las mujeres que en los hombres y que tengamos un 3,2% de obesos mórbidos.

El país avanza crees tú…

Desafortunadamente en Chile hay muy poca integración, muy pocas miradas globales en los planes de políticas públicas. Cada uno lo aplica desde su estrecha mirada sectorial. El Auge significó, de todas maneras, mejorar la percepción de la gente en relación a la injusticia de estar en condición de minusvalía, por la enfermedad que se tiene, y no recibir auxilio del Estado.

Nosotros propusimos tener políticas integrales respecto de patologías, no que te atendieran con aspirinas al comienzo, sino que te dieran atención integral, cualquiera fuera el nivel de complejidad que requieres, lo que se ha conseguido con el Auge. El nivel de impacto del Auge en la organización del sistema de salud es grande, la gente siente que está más protegida que antes.

Qué opina sobre lo ocurrido en la primera vuelta de la elección presidencial…

Es evidente que el Frente Amplio es una nueva fuerza y que va a tener un peso enorme en la evolución de la política del país, sobre todo al tener 20 diputados y un senador. El impacto que va a tener es importante. Este impacto sería más importante si ellos hicieran más política y no solamente mantenerse a nivel de declaraciones de principios.

Me refiero a que hay muchas reivindicaciones muy esperadas por la gente que no son acogidas por ellos porque no le dan importancia. Ellos hablan de la gratuidad para los estudiantes, la reforma constitucional. Es decir, una serie de cosas que son grandes temas. Debieran ser más concretos. Por ejemplo, en Chile tenemos 45 horas semanales y tenemos un montón de enfermedades crónicas que requieren, precisamente, que la gente disponga de más tiempo, pueda hacer más actividad física y tener más vida familiar. Una aspiración concreta sería contar con 40 horas semanales. Lo he planteado durante los últimos 10 años y siempre he dicho que es por prescripción médica. No podemos seguir trabajando 45 horas semanales.

Francia conquistó las 40 horas semanales en 1936 y 35 horas entre los 98 y 2000. Entonces, la diferencia es enorme. ¿Quién estaría en contra de disminuir la jornada de trabajo? Solamente los grandes empresarios. Eso obliga a una cosa muy clara: a trabajar mejor, para trabajar mejor es obligación capacitar. Es decir, a tener políticas en favor de las personas, trabajadores mucho más proactivos. En consecuencia, los beneficios que tendría para la sociedad las 40 horas son enormes y los beneficios para las personas también son enormes. Sin embargo, este debate no tiene la categoría que se está dando con la reforma constitucional, y la disminución de la jornada laboral tendría más impacto en la vida de las personas.  Yo soy partidario de la reforma constitucional, pero avanzando también en reformas sociales que lleguen directamente a la gente.

Yo plantearía menos horas de trabajo, pero más años de vida laboral; eso sí, en condiciones mucho mejores. Esas cosas no se discuten. No hay que dar recetas. No todos los temas son grandes transformaciones. Muchos temas son cómo vas transformando la vida real de las personas. Eso implica un conocimiento de la realidad en todos sus aspectos y un reconocimiento de que las realidades son complejas, no son unilaterales y simples. Eso nos ayudaría a tener mejor política y mejor gobierno.

¿Cuál crees tú que es el aporte de los nuevos profesionales?

Soy escéptico, porque todos los movimientos que se han hecho en torno a la educación superior son dentro del marco de las necesidades de la sociedad de consumo. No se hace la pregunta qué educación necesitamos, del punto de vista técnico profesional y universitaria, para qué, y cómo logramos que estas profesiones tengan impacto en la vida en sociedad. Lo que se trata es de hacer profesiones funcionales a un cierto esquema económico y que, por lo tanto, es mano de obra ilustrada, que empieza a reemplazar al proletariado, que ya no sirve, en la medida que introdujiste maquinaria automática, la robótica. De hecho, el sector más de punta de la economía chilena, que es la minería y la que introduce más tecnología, está dando un tremendo salto para ir a la robótica y es una realidad que se van a necesitar cada vez menos trabajadores mineros. En consecuencia, tienes que preparar profesionales pero para esa dimensión de la economía. 

¿Cómo se aumenta, entonces, las ganancias para los trabajadores? Yo creo que no es solo en salario, sino en calidad de vida, en jornada de trabajo. La formación profesional de hoy es totalmente funcional a un modelo consumista. Eso tenemos que superarlo y ponerlo en la discusión. La gratuidad, sino se acompaña de una reforma a los contenidos y de los fines de la educación superior, lo único que va a hacer es formar obreros ilustrados para tener más estructura productiva de la que tenemos hoy día. Por lo tanto, hay que ir más allá y tener un debate mucho más profundo. La academia sí puede contribuir, en la medida además, que se despojen de la idea de que el saber está confinado a ellos. El saber está en la sociedad y debemos ponerlo a disposición de ella.